Pocos lo imaginan, pero bajo las calles de Bilbao late un túnel que cuenta la historia de la ciudad mejor que muchos museos. Hablamos de las galerías de Marzana y de la mina de San Luis: un patrimonio industrial tan valioso como desconocido, escondido tras una puerta oxidada que pasa desapercibida entre bares de moda y terrazas. Detrás de ese umbral silencioso se conserva un testimonio vivo de la industrialización bilbaína.
Un viaje al Bilbao que crecía bajo tierra
La galería de Marzana se construyó entre finales del siglo
XIX y comienzos del XX, integrada en la red minera de Miribilla. En aquellos
años, Bilbao vivía una transformación económica sin precedentes, impulsada por
la explotación del hierro. Fue el empresario inglés Luis Lewison quien comenzó
a explotar esta galería, y de él heredó su nombre la mina: San Luis.
Pero no era un simple pasadizo. El ramal principal alcanzaba
los 140 metros de longitud, y otro secundario sumaba 90 metros más. Ambos eran
lo bastante anchos para permitir el paso de vagonetas cargadas de mineral.
Desde allí, el hierro descendía hasta el muelle de Marzana —hoy convertido en
paseo— para embarcarse por la ría rumbo a Altos Hornos y otras grandes
industrias.
Un patrimonio cerrado y en riesgo
Hoy la galería permanece clausurada. Los estudios
geotécnicos del Ayuntamiento alertan de un alto riesgo de hundimiento y de la
necesidad de reforzar las vigas que separan el techo del túnel del suelo de las
viviendas situadas encima. A ello se suma un episodio reciente: durante la
construcción de los últimos edificios de Bilbao La Vieja, un desprendimiento en
la calle Olano provocó la caída de una excavadora y el derrumbe de parte de la
galería, dejándola taponada y agravando su deterioro.
Aun así, el interior conserva huellas fascinantes del
pasado: raíles oxidados, restos de una vagoneta, estalactitas formadas con el
paso del tiempo y una antigua tubería utilizada para bombear agua en el proceso
de lavado del mineral. Incluso un pequeño curso de agua sigue recorriendo la
galería hasta desembocar en la ría, recordándonos que el espacio continúa, de
algún modo, “vivo”.
Interés creciente, respuesta insuficiente
Las galerías de Marzana siguen despertando curiosidad y afecto. Asociaciones vecinales y el colectivo Bilbo Zaharreko Memoria Taldea organizan visitas guiadas para mostrar estas reliquias y han impulsado recogidas de firmas para su recuperación y musealización. El Ayuntamiento afirma estar estudiando la titularidad y las condiciones de seguridad, pero lo cierto es que no se han dado pasos reales hacia su apertura. A día de hoy no existe un proyecto oficial.
Mientras tanto, el barrio y la ciudad toman cada vez más
conciencia del valor de este patrimonio industrial. Sin embargo, la respuesta
institucional continúa ausente, más preocupada por agradar al turista que por
recuperar y poner en valor la historia minera que dio forma a Bilbao.
Un túnel que merece volver a respirar
La galería de Marzana no es solo un viejo túnel. Es un
testigo directo de la revolución industrial que transformó la ciudad y un
fragmento esencial de nuestra memoria colectiva. Si algún día pudiera abrirse
al público, Bilbao ganaría una nueva forma de mirar a su pasado: más honesta,
más profunda y más conectada con lo que fuimos.









.jpeg)
